De regreso
Publicada en El Tiempo el 23 de febrero de 2026

Vuelvo a estas páginas con inmensa alegría después de una interrupción más bien corta. La suerte me trae de regreso a Colombia y al debate público nacional desde Fedesarrollo.
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No sé si todo el mundo sabe lo que es esta entidad. Bautizada con un nombre más largo, la Fundación para la Educación Superior y el Desarrollo (Fedesarrollo) es una organización sin ánimo de lucro fundada en 1970 por Rodrigo Botero, secretario económico durante la presidencia de Carlos Lleras Restrepo, y por el empresario Manuel Carvajal, quien ayudó a financiar su operación al inicio.
Como primer director de Fedesarrollo, Botero convocó a cuatro colegas que habían trabajado con él en el Gobierno, alrededor del propósito de influir desde lo técnico en las decisiones de política del Gobierno, para lograr un país más próspero. Así nació está entidad preciosa. Estos investigadores fundadores, que dedicaron sus vidas a entender los problemas de Colombia y a pensar en cómo resolverlos, crearon, con su ambición y su ejemplo, un semillero de profesionales comprometidos con el país, que han hecho aportes desde Fedesarrollo, desde el servicio público y como formadores de varias generaciones de economistas.
Fedesarrollo hace parte de una categoría de entidades que en inglés se conocen como think-tanks. La traducción directa sería ‘tanques de pensamiento’, donde se juntan muchas cabezas expertas, que no necesariamente vienen de la misma disciplina, ni están todas de acuerdo, para pensar problemas complejos y hacer un aporte. Por supuesto, las áreas de política en las que trabaja Fedesarrollo, y el estilo con el cual participa en el debate, dependen del director de turno. Tener la oportunidad de trazar esa cancha donde vamos a jugar en los próximos años para ayudar a materializar una visión de país distinta me da mucha adrenalina. Y ya sé, tras muy poco tiempo de haber aterrizado, que lo haré en buena compañía.
Regreso con la ingenuidad del que piensa que tiene algo bueno que aportar y con la convicción de que el privilegio y la suerte se traducen en responsabilidad.
Volver a Colombia significa también volver a estar cerca de mi gente. De mi familia y mis amigos cercanos, que han vivido con paciencia un período en que mi trabajo puso kilómetros de distancia entre nosotros, y en el que “acompañarnos” tuvo que tomar formas distintas. Qué felicidad me dan el desayuno juntos, el café, el cine, la discusión acalorada de política en familia o entre amigos, en la que se puede converger o disentir, sin que se dañe nada.
Sé que para algunos mi decisión de volver a radicarme en Colombia en un momento tan complicado del país es difícil de entender. Les diría que el momento está complicado en todas partes del mundo, y que prefiero los problemas propios. Regreso con la ingenuidad del que piensa que tiene algo bueno que aportar y con la convicción de que el privilegio y la suerte se traducen en responsabilidad y hay que organizarse para devolver multiplicado a otros lo bueno que se ha recibido.
Más aún, me parece que el momento complicado es el momento de quedarse o de volver. Porque la sociedad en que vivimos es el resultado de la acción colectiva donde todos hacemos una diferencia. Y la hacemos por acción o por omisión. Hay mucha gente buena arremangada trabajando para tener un país mejor. Quiero hacer parte de eso.
Tenemos algo maravilloso sobre lo que construir, que es la democracia. Como la salud, es algo que no se valora bien hasta que se pierde. La separación de poderes, que limita el poder presidencial y en general impide los abusos de poder, y la posibilidad de elegir nuestros líderes con libertad son activos que, como sociedad, debemos aprovechar y siempre defender.
La próxima vez que escriba esta columna van a haber pasado las elecciones al Congreso y las consultas que decantarán por fin el número de aspirantes a la Presidencia de la República. Ojalá salgamos a votar masivamente para influenciar el rumbo y ayudar a construir un país donde nadie quería irse. Y todos quieran volver.
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